Las Crónicas del Oso (3)

LAS CRÓNICAS DEL OSO

 

 

 

29 de marzo: Un oso en Hollywood

 

¡Buf! Ese tren era más lento que una peli de Tarkovski... ¡Y de los 24 vagones de carga tenía que esconderme justo en el de los sacos de cebollas! Por el lado positivo, no pasé hambre durante el trayecto, pero cuando por fin llegamos a Los Ángeles tenía el hocico empapado. No había llorado tanto desde que me enteré de que habría una quinta entrega de la saga "Crepúsculo".

 

Nada más bajar del tren, ¡qué diferencia con Nueva York! Nadie me mira raro. "¿Un oso de dos metros y medio con los ojos llorosos sonándose con su propia camisa? Será que no tiene un pañuelo a mano, el pobre". La gente es comprensiva, van a su rollo... Magnífico. Ahora debo ponerme en funcionamiento: tengo una nueva misión, ideada durante mi largo trayecto ferroviario. La rebelión animal de la Gran Manzana solo fue el comienzo. Para acabar con la tiranía de los seres humanos debemos actuar directamente sobre su conciencia. ¿Y qué mejor manera de manipular esta que a través del cine? Mi objetivo es trepar por la cadena trófica de Hollywood hasta manejar los hilos de toda la industria. ¡Tiembla, Spielberg! ¡Arrepiéntete de tus pecados, J. J. Abrams!

 

Salgo de la estación. Paro un taxi. Me meto dentro. "¡A Hollywood!", exclamo a pleno pulmón. El taxista olisquea el aire. "¿Cebolla?". Me cubro el hocico con una zarpa. "A Hollywood", mascullo. La carrera es larga. Para ante la puerta de los primeros estudios de cine que vemos. Me apeo, alzo los brazos en gesto triunfal y doy un par de saltos de alegría. El taxista se apea, abre el maletero y extrae un bate de béisbol. Quiere que le pague. ¿Dónde habrá visto este tipo a un oso con dinero? Opto por la única salida digna: correr.

 

Veinte sudorosos minutos después consigo darle esquinazo. Regreso a la entrada de los estudios y pregunto amablemente al guardia de la entrada si necesitan un nuevo director general. El tipo, que ha presenciado mi elegante huida del taxista, me mira torcido mientras se rasca su mal afeitada barbilla (ya, no soy quien para hablar del tema), como si valorase qué nota darme en su escala de peligrosidad. Finalmente, parece que me otorga menos de un 5, porque responde:

- Las únicas plazas disponibles en estos momentos son para dobles especialistas en escenas de acción. Pero necesitas presentarte con paracaídas propio.

 

Le doy las gracias a Larry (me lo ha chivado su plaquita del pecho) y me encamino hacia Sunset Boulevard. He de hacerme con un paracaídas. Y para ello necesito dinero. Primera fase de mi misión: encontrar un curro, de lo que sea.

 

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